Si algo define la vida nómada es la paciencia, esa virtud obligatoria que te enseña que las mejores recompensas no se apuran. Nuestra «Misión Ballena» en Los Órganos, Perú, fue la prueba de fuego de nuestra filosofía.

Sabíamos que ver a las ballenas jorobadas era una lotería. Estos gigantes, que nos visitan por solo dos meses (entre julio y agosto), son el espectáculo más grande del Pacífico. La primera vez, la suerte no estuvo de nuestro lado. Madrugamos, pasamos frío y la multitud en el bote nos dejó ver solo un atisbo.
El Coraje de la Tercera Vez
Con la visita de los padres de Jair, la misión se volvió una tradición familiar. Hicimos un tercer intento, con la certeza de que «a la tercera va la vencida».
Esta vez, el tiempo se detuvo. Después de horas de búsqueda, la majestuosidad apareció. No era un avistamiento a lo lejos, era una explosión de vida y potencia:
- El Sonido: Un rugido oceánico que nos dejó «sin palabras».
- La Potencia: Ver saltar a un animal de 40 toneladas, con esa fuerza y potencia que desafía toda lógica, es un espectáculo que te desarma.
- La Emoción Cruda: Este no fue un momento de «tomar una foto», fue una experiencia que tocó el alma. Honestamente, fue tan excitante y profundo que llegamos a «llorar y todo de la emoción».

Ver a las jorobadas es la lección más grande de humildad que el océano puede dar. Es sentir la vida salvaje en su máxima expresión. Rematamos la hazaña brindando con una cervecita y unos snacks, celebrando que la paciencia (y la buena fe) siempre tienen su recompensa.
video completo aqui 👉🏻 https://youtu.be/hb6dTnM4UWE?si=ey9uaS57M1iWjVUG